China: de la revolución cultural a la revolución industrial en una generación

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Resumen
Para la mayoría de los observadores, la economía china está cerca de tocar tierra. La única duda es si el aterrizaje será suave o accidentado. Esto no resulta sorprendente, dada la larga y notable trayectoria de crecimiento desde 1978, año en que este gigante abrió sus puertas al mundo después de pasar 30 años detrás del misterioso Telón de bambú.

Desde entonces, el producto interior bruto (PIB) ha crecido en promedio casi el 10% anual, pasando el país y sus habitantes de tener una enorme e impenetrable economía estancada por una planificación centralizada, a ser el gigante de fabricación y consumo que es en la actualidad. China prácticamente saltó desde una revolución cultural a una revolución industrial en una sola generación.

 

Para muchos de sus críticos, el éxito de China sigue siendo tanto un enigma como una frustración. No se supone que el comunismo esté destinado a tener éxito en el mundo industrializado y China aún sigue estando gobernada y controlada por el Partido Comunista Chino, que con al menos 80 millones de miembros constituye una élite venerada y vilipendiada casi por igual.

No caben dudas del éxito de China para desenvolverse en el ámbito del comercio internacional: hacia 2009 ya se había convertido en el mayor exportador del mundo, mientras que en enero de 2014 pasó a ser el país con el mayor volumen de comercio del mundo.

Sin embargo, China siempre ha tenido ambiciones mucho mayores que el comercio. De hecho, en ciertos altos niveles se considera que el siglo XIX y los comienzos del XX fueron un “período de humillación”, por lo que el rápido crecimiento de su economía es una recuperación largamente esperada para ocupar su posición como una de las principales economías del mundo.

La trayectoria de su crecimiento en los últimos 30 años y su objetivo de alcanzar a largo plazo un nivel de renta per cápita equivalente al de las principales economías del mundo son el contexto en el que debe evaluarse la política económica e industrial de China. Si bien los economistas y analistas financieros tienden a apreciar las economías y los mercados desde un horizonte más cercano —meses en lugar de décadas—, para los planificadores chinos su proyecto tiene una duración mucho más prolongada.

También es importante tener en cuenta el contrato social que prevalece en China, que es otra fuente más de frustración para aquellos que consideran la democracia como la única meta verdadera y para quienes de manera similar argumentan que el objetivo del crecimiento es alcanzar el sufragio universal. Aunque en China se siga debatiendo sobre el sistema político —que sin duda habrá de continuar—, el contrato social básico en virtud del cual gobierna el Partido Comunista es que puede mantenerse en el poder en tanto siga aumentando la riqueza de la población en general.

Desde luego, así ha sido, pues los consumidores chinos están actualmente en ascenso y proporcionando la base para prolongar a largo plazo el notable historial de crecimiento del país. El país cuenta actualmente con 1250 millones de abonados de telefonía móvil, por lo que se está acercando a la proporción de 1:1, y se estima que tiene 600 millones de usuarios de Internet. El índice de penetración de usuarios de Internet es alrededor del 42% de la población, lo que duplica con creces el número de usuarios de Internet en los Estados Unidos, que es de 250 millones para una penetración del 85%.

En general, China ha abrazado de buena gana la web y los medios de comunicación modernos, y más del 80% de los usuarios de Internet acceden a la red a través de dispositivos móviles. La carrera por captar al consumidor chino en línea se está acelerando, y grandes organizaciones como Alibaba y Tencent están ampliando su oferta, desde comercio electrónico y juegos en línea hasta operaciones bancarias por Internet y redes sociales. Productos como Taobao y TMall se cuentan entre los mayores portales de comercio electrónico del mundo, mientras que Sina Weibo es el equivalente de Twitter y WeChat traza un paralelo de WhatsApp, aunque con muchos más usuarios que sus correspondientes estadounidenses.

Para las multinacionales de Occidente, el mercado chino se ha reacomodado y China sigue siendo un componente esencial de muchas cadenas de suministro globales —si no de la mayoría— pero para el mundo se ha convertido en mucho más que un fabricante. Está surgiendo rápidamente como uno de los mayores mercados de consumo del mundo, tanto para nombres exclusivos (Ferrari, Bentley o Louis Vuitton) como para marcas con una base de mercado más amplia (Coca-Cola, Ford, GM, VW y Apple, entre muchas otras).economía china

Sería ingenuo negar que China enfrenta algunos problemas graves en su transición de coloso exportador a un crecimiento impulsado por el consumo interno. Entre sus grandes desafíos se cuenta la necesidad de realizar importantes reformas, de las cuales la de mayor alcance probablemente sea el continuo desplazamiento de la población desde sus raíces rurales hacia entornos urbanos.

Este proceso de urbanización ya está muy avanzado, dado que la población urbana representa ya más del 53% del total, frente al 26% de 1990. Desde otra perspectiva, significa que en los últimos 25 años más de 300 millones de personas se han trasladado a las zonas urbanas, una cifra superior al total de habitantes de los Estados Unidos. La intención es aumentar el índice de urbanización a más del 70% hacia 2050, lo que implica que otros 300 o 400 millones más se trasladarán a las ciudades o zonas urbanas en los próximos 35 años.

La lógica de este estímulo a la urbanización tiene varias dimensiones. En China, los trabajadores urbanos ganan más del doble que los trabajadores rurales. Las tierras de cultivo requieren mucha mano de obra y el tamaño medio de las granjas es de 0,4 hectáreas (6 mu). El desarrollo de la seguridad alimentaria es parte del impulso de la urbanización, junto con la necesidad real y percibida de transferir trabajadores del trabajo agrícola al industrial con el fin de ayudarles a alcanzar sus aspiraciones económicas.

Las oportunidades que presenta este proceso de urbanización son enormes, como por ejemplo la necesidad permanente de viviendas de bajo costo y una adecuada infraestructura de soporte, junto con la demanda asociada de electrodomésticos y transporte. En su afán por alcanzar estos objetivos, China ha tolerado una desmesurada escalada de su deuda, que actualmente se estima en casi el 200% de su PIB. Sin embargo, para apreciar esto en su justa medida, se ha estimado que las 10 mayores economías desarrolladas del mundo —los Estados Unidos, los principales países europeos, Canadá y Australia— tenían en 2012 una deuda total del 350% del PIB. La deuda pública total de China es aproximadamente el 50% del PIB, mientras que en los Estados Unidos y Europa supera el 100%.

Esto no necesariamente indica la ausencia de problemas. La deuda de 20 billones de dólares estadounidenses (120 billones de yuanes) representa un problema y como la mitad es deuda de corporaciones, hay una grave exposición del mercado de valores, aunque en términos de finanzas corporativas China realmente no es una mala apuesta. Cuenta con reservas externas de 3,5 billones de dólares y se estima que los activos netos superan los 50 billones de dólares, lo que trasladado a la participación en la deuda sugiere que China se financia de una manera conservadora.

El nuevo gobierno, que asumió el poder a principios de 2013, ha diseñado una impresionante serie de reformas. Hasta ahora se ha mantenido fiel a sus compromisos combatiendo la corrupción, guiando el crecimiento del PIB hacia una trayectoria más baja (y sostenible) entre el 7% y el 7,5%, y reduciendo el apoyo a las empresas estatales, que dominan el abastecimiento básico de materias primas y servicios clave, desde la banca hasta el transporte por barco y las compañías aéreas.

La transición está siendo dolorosa y en consecuencia perversamente alentadora, puesto que la reforma económica requiere mucha disciplina y concentración. En China, el riesgo radica en el temor a la respuesta de la población en general, si percibe que existe un incumplimiento del contrato social. El ejemplo más extremo del incumplimiento de mantener el curso de la disciplina fiscal se produjo en 2008-2009, cuando en el contexto de la crisis financiera mundial el gobierno abrió sus arcas y vertió 4 billones de yuanes (650 mil millones de dólares) en un programa de estímulo que produjo un crecimiento indiscriminado del crédito y una mala asignación del capital a muy gran escala.

¿Será diferente esta vez? Creo que sí. Hasta ahora, el desempeño del nuevo gobierno sugiere que se han aprendido las lecciones y que es esencial que haya un período de crecimiento más lento para consolidar los logros alcanzados durante varias décadas, así como para prepararse para un entorno económico muy diferente.

A medida que la economía fue creciendo, también lo hicieron las expectativas de los trabajadores y, junto con ellas, los salarios y los costos generales de producción. China ha ascendido en la cadena de valor en una variedad de productos, ha abrazado Internet y las nuevas tecnologías, y su población joven y ambiciosa tiene grandes expectativas.

Para los fabricantes internacionales y los proveedores de servicios que buscan establecer o ampliar su presencia en China, la imagen de los “mil millones de Coca-Colas al día” ha sido reemplazada por un mercado mucho más diverso y complejo, donde ese millardo de botellas puede incluir una amplia variedad de otras bebidas; donde los automóviles privados básicos deben tener una opción híbrida o totalmente eléctrica; y donde las actividades de ocio y los viajes son accesibles a gran parte de la población.

China continuará brindando alternativas de fabricación extremadamente competitivas a una amplia diversidad de mercados, pero su economía se ha tornado multidimensional y, en ciertos aspectos, el mercado interno es más atractivo que su capacidad para vender productos competitivos al resto del mundo. Los indicadores de consumo son relevantes: el 80% de los usuarios móviles de Internet en China tienen 35 años de edad o menos, y el 80% de los consumidores que utilizan tarjetas de crédito tienen 40 años o menos.economía china

China está emergiendo claramente como una sociedad de consumo del siglo XXI. Ha abrazado Internet y todos sus componentes de mercado, lo que la ha llevado a adoptar una actitud más sofisticada hacia el consumo, hasta el punto de que las tiendas de tipo grandes almacenes se encuentran en declive, aun cuando el uso del comercio electrónico se acentúa.

Dicho esto, el mercado inmobiliario deberá atender a 300 millones de nuevos residentes urbanos en los próximos 30 años. La continua mejora de la riqueza del país en su conjunto sugiere que en China la oportunidad no se ha desvanecido, pero que su naturaleza está mutando rápidamente: la “revolución industrial” ha cedido paso a la “revolución consumista”.

 

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